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Perspectivas

Creatividad y comunicación

¿Tu contenido se entiende la primera vez que alguien lo ve?

Una persona que descubre tu empresa necesita contexto. Tu comunicación tiene que permitirle entender la oferta aunque no haya visto tus contenidos anteriores.

«Acabamos de lanzar la nueva versión». «Tu favorito ha vuelto». «Ahora también para equipos». Para las personas que ya conocen la empresa, estos mensajes pueden bastar. Alguien que los ve por primera vez puede tener otras preguntas: ¿de qué producto se habla?, ¿para qué sirve? y ¿por qué me importaría?

Dentro de la empresa, el contexto parece evidente. El equipo conoce la oferta, ha ayudado a desarrollarla y ha hablado decenas de veces de las mismas diferencias. El visitante no ha estado en esas conversaciones.

El primer encuentro con una marca tiene que dar un punto de partida, sin obligar a la gente a reconstruir la historia por su cuenta.

Conocer e interesarse son dos cosas distintas

Alguien puede conocer muy bien la categoría y descubrir tu empresa por primera vez. Otra persona puede seguir la marca desde hace meses sin entender un servicio nuevo. Un cliente existente puede comprar para una situación distinta de la última vez.

Etiquetas como «público frío» y «público templado» son útiles para planificar, pero no describen del todo lo que sabe cada persona. Una visita o una interacción no confirman automáticamente que alguien entienda la oferta o esté listo para comprar.

Para la comunicación, las preguntas se vuelven más precisas: ¿qué sabe la persona del problema?, ¿qué sabe de las soluciones? y ¿qué le falta para valorar esta oferta? No tenemos acceso directo a las respuestas de cada visitante. Las revisamos con investigación, conversaciones y comportamientos observables, dejando espacio a la incertidumbre.

Un mensaje puede estar claro para el equipo e incompleto para el público

Tomemos un ejemplo ficticio: una aplicación que centraliza las solicitudes de mantenimiento de los edificios. El equipo anuncia «Ya está aquí el módulo Equipos». Para los usuarios que pidieron la función, el mensaje puede tener sentido. Para un administrador de fincas que descubre la aplicación, el nombre del módulo no explica para qué sirve.

Una versión más explícita podría ser: «Reúne todas las solicitudes de un edificio en el mismo sitio y ve quién se encarga de cada intervención. Ahora puedes asignar responsabilidades a los miembros del equipo». Esta redacción solo puede usarse si el producto ofrece de verdad esas funciones.

Un mensaje puede estar claro para el equipo e incompleto para el público
Contexto ilustrativoLa pregunta que tenemos en menteLo que podríamos explicar
La persona busca una forma de gestionar solicitudes dispersas«¿Me ayudará a organizarme?»El uso principal y un ejemplo concreto
La persona compara aplicaciones«¿Encaja con nuestra forma de trabajar?»Las funciones, los límites, una demostración y las condiciones
El cliente ya usa el producto«¿Qué cambia para mi equipo?»La nueva función, su disponibilidad y cómo acceder a ella

Son situaciones posibles, no categorías fijas de personas ni un orden obligatorio. La misma persona puede volver a preguntas básicas cuando cambian sus necesidades o el equipo afectado.

Cada punto de entrada necesita el contexto adecuado

Un visitante puede llegar a la página de inicio, a una página de producto, a un artículo o directamente a un formulario. Un anuncio puede compartirse en una conversación, y un fragmento de vídeo puede verse solo.

No podemos suponer que la gente ha seguido cada paso que preparamos. Por eso revisamos cada contenido junto con el lugar al que lleva. La página de llegada tiene que prolongar la promesa que se encontró y ofrecer la información necesaria para el siguiente paso.

Si el anuncio invita a una demostración de la aplicación, la página tiene que precisar qué verá la gente y cómo funciona la solicitud. Si el mensaje habla de un uso concreto, enviar a la gente a una página general que no lo explica puede dejar la pregunta sin respuesta.

Esta conexión también se trata en «La campaña no termina en el clic». Aquí la miramos desde la información disponible en el primer encuentro.

Contexto suficiente no significa todos los detalles a la vez

Un banner no tiene ni el espacio ni la función de una página de servicio. No intentamos meter toda la oferta en cada contenido. Elegimos la información que permite identificar el tema y seguir de forma natural.

Una estructura útil puede empezar por qué es la oferta y qué situación ayuda a resolver. Después, los lectores encuentran un ejemplo, las condiciones y la posibilidad de saber más. El orden depende de lo que sabemos del público y del objetivo de la página.

Por ejemplo, en la página de una solución técnica, un especialista puede buscar la compatibilidad, mientras la persona que aprueba la compra puede necesitar los costes y las responsabilidades. Podemos organizar la información para que cada uno encuentre los detalles relevantes, manteniendo la misma descripción exacta del producto.

El titular tiene que explicarse en el contenido

Una pregunta o una fórmula sorprendente pueden captar la atención. Lo que sigue tiene que dar la respuesta prometida. Si el titular dice «Mira dónde se pierden tus solicitudes», el contenido tiene que mostrar qué problema analizamos y qué puede comprobarse.

Un mensaje deliberadamente vago también puede atraer a personas que esperan otra cosa. Si solo medimos la reacción inicial, podemos interpretar mal el resultado. Más clics no explican por sí solos si el público entendió la oferta o si las solicitudes son adecuadas.

Un titular claro también puede incluir un límite relevante: a qué tipo de equipo va dirigida la solución, qué exige o qué problema trata. Esa precisión también ayuda a las personas para las que la oferta no encaja a decidir más rápido.

La coherencia hace posible la adaptación

Una marca puede mantener la misma promesa, las mismas referencias visuales y la misma voz usando explicaciones distintas. Una demostración de producto, un artículo y un mensaje a los clientes existentes no tienen que empezar igual.

Con las personas que ya conocen la oferta, podemos ir antes a lo esencial. En una difusión en la que pueden ver el contenido personas nuevas, añadimos el contexto necesario. A veces basta una frase. Otras veces, lo que tiene que cambiar es la estructura de todo el contenido.

La adaptación también depende de la plataforma y del formato, pero elegirlos no resuelve por sí solo un problema de comunicación. Un vídeo puede seguir sin estar claro aunque cumpla todas las especificaciones técnicas. Una publicación corta puede bastar cuando identifica con precisión la situación y lo que viene después.

Cómo comprobar lo que ha entendido la gente

Podemos enseñar el contenido a personas relevantes para la oferta que no han participado en su creación. Antes de explicar nuestra intención, les pedimos que describan qué han entendido: qué se ofrece, a quién le encaja, qué condiciones han visto y qué harían después.

Evitamos meter la respuesta en la pregunta. «¿Has entendido que la aplicación ahorra tiempo?» comprueba menos que «¿Qué crees que podrías hacer con esta aplicación?». Si la persona atribuye al producto una función que no tiene, hemos encontrado una ambigüedad que merece corregirse.

Una comprobación con pocas personas puede revelar problemas de comprensión, pero no estima cuántos clientes ganaremos. Para una valoración comercial, también hacen falta datos relevantes, un periodo adecuado y una comparación diseñada para la pregunta planteada.

En el trabajo diario, también seguimos las preguntas recurrentes, las solicitudes que no encajan y los puntos donde la gente pide aclaraciones. Estas pistas pueden mostrar dónde hay que completar el contenido. La interpretación sigue ligada al contexto: una solicitud que no encaja puede venir de la difusión, no solo de la redacción.

Lo que cambiamos antes de producir más

Empezamos por los contenidos que tienen un papel importante en cómo descubre y valora la gente la oferta. Comprobamos si el nombre interno de un producto ocupa el lugar de una explicación, si las imágenes muestran el producto en uso y si la página cumple la promesa del anuncio.

Mantenemos la información y las piezas que funcionan. Puede hacer falta un titular más explícito, un ejemplo, una demostración o una página reorganizada. Otras veces, el problema está en la propia oferta y hay que aclararlo antes de la siguiente tanda de producción.

Esta forma de trabajar conecta la comunicación con el embudo de conversión. Cada contenido tiene una aportación, y el recorrido ofrece referencias suficientes a las personas que llegan en momentos distintos. De ahí no se deduce que cada empresa tenga que producir todos los formatos o hacer todo tipo de campañas.

Cómo trabajamos en NOT MORE.

Revisamos el objetivo, la oferta y lo que ya existe: piezas, páginas, campañas y preguntas que salen de las conversaciones comerciales. Detectamos dónde falta contexto y qué intervención es proporcionada a la necesidad y a los recursos disponibles.

Podemos encargarnos del análisis y las recomendaciones, la estrategia de comunicación, la redacción, el diseño, la producción o la implementación de las páginas y campañas acordadas. También trabajamos con el equipo interno o con las agencias que ya participan. El seguimiento y los ajustes posteriores se incluyen según los servicios contratados.

¿Qué ve hoy alguien que te descubre?

Elige un contenido con el que la gente encuentra tu empresa. Lo revisamos junto con la página o la conversación que viene después y vemos qué información haría la oferta más fácil de entender.

Referencias y lecturas complementarias

Sun Yi: The Three Audiences Most Content Creators Ignore (en inglés) es el punto de vista de un autor sobre la familiaridad del público. No es una regla de segmentación universal.

GOV.UK: identificar las necesidades de los usuarios (en inglés) describe cómo basar los contenidos en las necesidades y las tareas de los usuarios. La aplicación a contextos comerciales y los ejemplos anteriores son desarrollos editoriales de NOT MORE.

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