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NOT MORE.
Perspectivas

Estrategia y decisiones

¿Cuánto te cuesta tener que elegir dos veces?

Cómo desaparece el ahorro aparente entre el primer presupuesto, los intentos de arreglo y el momento de empezar de nuevo.

Necesitas una web, un equipo de marketing o alguien que resuelva un problema concreto de tu negocio.

Pides varios presupuestos. Recibes precios distintos para lo que, a primera vista, parece el mismo trabajo. Eliges la opción más barata.

Hasta ahí, no hay nada malo. El presupuesto exige una gestión cuidadosa y un precio más alto necesita una justificación.

El problema aparece cuando el precio se convierte en el único criterio, antes de entender qué implica el trabajo, qué resultado necesitas y cuánto te costaría que la primera elección no funcionara.

En NOT MORE., empezaríamos la conversación por ahí: por la necesidad y por la decisión que tienes que tomar. De lo contrario, la comparación entre ofertas queda incompleta.

El primer pago puede ser solo el principio

Supongamos que el resultado no resuelve el problema para el que contrataste al equipo.

La web tiene un aspecto aceptable, pero el formulario no funciona bien. Las piezas creativas se entregan, pero no se pueden utilizar en los formatos necesarios. Las campañas están activas, aunque nadie puede explicar con suficiente claridad qué resultados comerciales aportan.

No cambias de proveedor inmediatamente. Intentas que las cosas funcionen.

Envías otro mensaje. Lo explicas una vez más. Haces capturas, preparas ejemplos y entras en una reunión. Recibes una modificación, vuelves a revisarla y descubres que el problema no está del todo resuelto.

Has pagado por un servicio, pero empiezas a asumir parte del trabajo necesario para poder utilizarlo. El coste ya no es solo el de la factura. También incluye el tiempo que dedicas a conseguir el resultado que creías haber comprado.

Después empieza el segundo proyecto

En algún momento decides buscar otro equipo.

Vuelves a pedir recomendaciones, a buscar y a mantener conversaciones. Explicas qué necesitas, qué se ha hecho y qué no funciona. Comparas nuevas ofertas e intentas entender si el proyecto se puede corregir o hay que rehacerlo.

El nuevo equipo necesita revisar lo que va a recibir. Algunas partes se pueden conservar. Otras requieren una nueva ejecución. Quizá falten archivos, accesos o información sobre la implementación.

Mientras tanto, puede que intentes arreglarlo por tu cuenta. Buscas tutoriales, pruebas herramientas y dedicas noches enteras a un problema que inicialmente querías delegar.

En ese momento ya no estás comprando solo el servicio original. También estás pagando las consecuencias de la primera elección.

Cómo desaparece el ahorro

Un ejemplo hipotético, con importes sin IVA. No es un proyecto de un cliente ni representa las tarifas de NOT MORE.

Puedes elegir entre una oferta de 800 € y otra de 2000 €. Eliges la de 800 €, pero el resultado no sirve para la necesidad acordada. Tras intentar corregirlo, pagas 2000 € a otro equipo para rehacerlo.

Cómo desaparece el ahorro
ConceptoCoste en este ejemplo ilustrativo
Trabajo inicial800 €
Intervención adicional para corregirlo250 €
Nueva ejecución del proyecto2000 €
Total pagado3050 €
Tiempo interno adicional30 horas, aparte del total pagado

Esas 30 horas no generan automáticamente otra factura, pero consumen tu capacidad de trabajo o la de tu equipo.

El ahorro aparente de 1200 € del principio ha desaparecido. Has pagado 3050 € por todo el recorrido y has recibido el resultado más tarde.

El ejemplo no demuestra que la primera oferta de 2000 € hubiera garantizado el éxito. Muestra qué hay que incluir en el cálculo cuando el primer trabajo falla y es necesario repetirlo.

No todos los proyectos baratos terminan así. Pero conviene evaluar la posibilidad de tener que repetir el trabajo antes de elegir.

El retraso también cambia las condiciones de la decisión

Al principio, quizá tenías tiempo para comparar y planificar. Después de varias semanas de intentos, el lanzamiento se acerca. El equipo espera. Has gastado parte del presupuesto y necesitas una solución.

Ahora eliges bajo una presión que no existía al principio.

Puede que necesites un plazo más corto, reorganizar otras actividades o posponer el proyecto. No hace falta inventar una cifra de «oportunidades perdidas» para reconocer que un retraso tiene consecuencias.

Algunas se pueden calcular. Otras deben describirse como riesgos, sin presentarlas como pérdidas seguras.

El problema es elegir sin analizar

El precio debe importar. Pero no puede responder por sí solo a las preguntas importantes.

¿Qué necesitamos resolver? ¿Qué consideramos una entrega aceptable? ¿Qué importancia tiene el proyecto para el negocio? ¿Qué podemos asumir internamente? ¿Cuánto retraso podemos permitirnos?

Estas preguntas cambian la elección.

Para probar una idea, una solución sencilla y asequible puede ser suficiente. Si la prueba no funciona, puedes detenerla sin grandes consecuencias.

Para una web de la que depende un lanzamiento, comprobar los formularios y el proceso de compra puede tener mucha más importancia.

Una empresa con conocimientos internos puede encontrar la solución adecuada en un proveedor con un papel muy delimitado. Para un empresario sin tiempo para coordinar, esa misma oferta puede exigir más implicación de la que puede asumir.

La estrategia empieza por entender estas diferencias: necesidad, objetivo, prioridad, recursos, urgencia y consecuencias de una elección inadecuada.

Qué aclararíamos antes de recomendar un equipo

En NOT MORE., definiríamos primero la necesidad y los criterios para aceptar el resultado. Después compararíamos las ofertas sobre la misma base:

  • ¿Qué trabajo está incluido y qué queda a cargo del cliente?
  • ¿Quién se responsabiliza de revisar y corregir el trabajo?
  • ¿Qué experiencia relevante puede demostrar el equipo?
  • ¿Qué recursos internos exige la colaboración?
  • ¿De qué depende el proyecto y qué limitaciones afectan al plazo?
  • ¿Qué recibimos al final y qué podemos llevarnos si cambiamos de proveedor?

Las respuestas no eliminan todos los riesgos. Pero nos ayudan a elegir con más información que la cifra al final de un presupuesto.

Una tarifa alta, sin explicaciones ni pruebas relevantes, no basta. Una tarifa baja tampoco es un motivo automático de descarte. Buscamos coherencia entre la necesidad, la capacidad de ejecución y los recursos disponibles.

El mismo criterio debe aplicarse a nuestra propia oferta. Si proponemos una inversión mayor, tenemos que explicar qué cubre y por qué importa en esa situación.

A veces, ahorrar bien significa hacer menos

Si el presupuesto no permite abordar el proyecto completo, podemos reducir su alcance.

Podemos lanzar menos páginas. Empezar por un solo canal. Utilizar una solución estándar o dividir la implementación en fases.

Así reducimos el trabajo de forma explícita y mantenemos las comprobaciones necesarias para lo que entregamos.

Es una decisión distinta de pedir el mismo proyecto, en el mismo plazo y con las mismas expectativas, suponiendo que el precio más bajo no implica ninguna concesión.

Un buen proveedor debe poder hablar con claridad de esas concesiones, incluido cuándo basta con una opción más sencilla.

Si la primera elección fue equivocada, el primer pago no debe decidir el siguiente

Haber invertido dinero en un trabajo no significa que tengas que seguir invirtiendo en él.

A partir de ese momento, la comparación útil es entre el coste y las posibilidades de corregirlo, el coste de rehacerlo y la opción de reducir o detener el proyecto.

A veces merece la pena reparar. En otros casos, los intentos repetidos consumen más recursos que rehacer el trabajo con un alcance bien definido. La decisión debe basarse en la situación actual, no solo en el deseo de justificar la elección inicial.

Antes del precio, entiende la elección

No siempre necesitas al equipo más caro. Necesitas un equipo adecuado para tu problema y una colaboración que puedas sostener.

Por eso, la pregunta «¿Cuánto cuesta?» merece ir acompañada de otra:

«¿Qué supondría para nosotros tener que tomar esta decisión de nuevo?»

Puede que la respuesta confirme que la opción barata es suficiente. Puede que revele la necesidad de más comprobaciones, otros conocimientos o un proyecto más pequeño.

Lo importante es llegar a esa conclusión antes de pagar por el primer desvío.

Empezamos por lo que necesitas resolver

Si estás comparando opciones para un proyecto de marketing, comunicación o web, podemos empezar por la necesidad, los recursos y los criterios de una elección adecuada. A partir de ahí, definimos qué merece la pena desarrollar, qué puede esperar y dónde podemos aportar.

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